Veo los carteles de la película Fènix 1123 y no puedo sino frotarme los ojos. Madre mía, a dónde vamos a parar.
La película narra la vida de Èric Bertran, que en 2004 siendo un adolescente de 14 años no se le ocurrió otra cosa que liarse a enviar mensajes de texto (SMS) a empresas (DIA, Pascual, etc.) amenazándolos con violencia en nombre de un “ejército” si no etiquetaban sus productos en catalán.
Surprise, surprise! Un día se plantaron los GEOs en su casa y le aplicaron la ley antiterrorista. Si yo hubiese sido su madre, primero alentaba a los GEOs a que le aplicasen la ley antiterrorista pero bien aplicada y después le hubiese dado un par de hostias, por gilipollas y por meter a la familia en semejante lío.
Ahora resulta que se hace una película para encumbrar a semejante “iluminado” a héroe de la lucha del pueblo catalán (ese cuya voluntad defiende el nuevo mesías).
Hablemos de otro Eric que vivía en una ciudad llamada Columbine. Anda que no hay gente con la vida destrozada a quien le hubiese encantado que se hubiese plantado un pelotón SWAT (o sea, los GEOs de EEUU) en la puerta de su casa la mañana fatídica que fue al instituto por última vez.
¿Qué no existe ningún personaje ejemplar en Catalunya a quien admirar? Miren, hasta acepto pulpo y propongo a un futbolista. Propongo a Oleguer Presas, que tuvo las narices de decir que no a una convocatoria de la selección española por no traicionar sus ideales.