Ayer hablé con una compañera de trabajo alemana, basada en Múnich, que ya se ha convertido en una amiga virtual. Ella tiene un hijo de 4 años y se acogió al programa de reducción voluntaria de jornada laboral, medida estrella de conciliación familiar en Bavaria: le garantizan que, si así lo desea, a los 5 años puede regresar a la jornada completa. Está evaluando qué hacer cuando se cumplan los 5 años. Tuvo un evento traumático reciente que le hace valorar más el tiempo de calidad con los seres queridos que el dinero. Está considerando seguir trabajando a tiempo parcial de modo indefinido. No le da miedo perder la posibilidad de regresar a tiempo completo si en algún momento necesita mayores ingresos. En sus palabras: “Si no es con XX, hay muchas otras empresas donde puedo trabajar”.

Vemos la semifinal de la Supercopa. Presencia importante de la china EBRO en el bloque publicitario. Su anuncio estrella, un plañidero en que una señora, más o menos de la edad de mi amiga, se está cambiando en los vestuarios de la fábrica de Zona Franca en Barcelona (es la planta de Nissan que cerró hace 4 años). Llama a su hija y básicamente le dice que la vuelve a apuntar a ballet y se pone a llorar de la emoción. Es decir: familias que vuelven a la normalidad gracias a “los sindicatos, las autoridades y la empresa” (así dice la voz en off).

Drástico el contraste entre la seguridad laboral percibida entre los supuestos motores económicos de Alemania y España. Da para reflexionar.

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