En noviembre, coincidiendo con un trancazo de vías respiratorias de cuidado (si el R-0 del coronavirus detectado en Wuhan es parecido al de éste, pónganse a rezar) dejé de golpe el café, el alcohol y el Twitter.

Adivinen cuál resultó más difícil de dejar.

Adivinen cuál amenaza recaída grave debido a consumo esporádico.