El segundo libro del año fue uno que he tardado más de 20 años en leer, en parte por cambios radicales en mi vida, en parte porque cientos de obras le adelantaron en mi pila de lecturas. Se trata de “In Patagonia” de Bruce Chatwin.

Estoy feliz de haber tardado dos décadas, feliz de haber madurado, feliz de haber dejado de estar deslumbrada por el mundo anglosajón. Lo que encontré en “In Patagonia” fue una prosa deliciosa y especial, escueta y precisa y de vocabulario cuidadosamente escogido. El resto me decepcionó un poco. Había esperado en Chatwin un viajero curioso y universal. Me encontré con un anglo recorriendo un país extranjero mientras busca los vestigios del imperio británico. Los no anglosajones son figuras de cartón cuyo papel es formar parte del paisaje.

¡Larga vida a la Moleskine!